Las otras noches, una noche de las noches pasadas, estaba algo triste, cuestión que no es rara pero tampoco habitual, recordé que me quedaba un resto de un vino que había tomado con una amiga en una de las noches anteriores y sin dudar fui a buscar el resto y acabar solo, lo que había comenzado a beber en compañía.
Me gustó la idea y sobre todo me gustó acabar con el vino.
Luego como el vino –recordemos que era sólo un resto- se acabó (o lo acabé), decidí –ya entonado el pico- tomar un coñac (otra cosa es cognac).
Cambié de copa (en realidad vaso por copa) y sirviéndome generosamente, cerré luego la botella y con la copa en la mano, me senté frente a la computadora y alterné:
Copa en la mano teclado sin tocar, degustar.
Copa sobre la mesa, coñac saboreado en boca, teclado tecleado y así fui escribiendo.
Como no tengo secretario de redacción que rechace lo que escribo, lo hice con absoluta libertad, la misma que tiene quien por allí se le ocurra leer.
Pensaba en la libertad, la tan mentada libertad humana, ¿Cuánto será verdad que podemos elegir libremente? no me fue fácil la respuesta, aparentemente todo era casual y yo jugando con mi “libre arbitrio” pero, “elegí” vino y coñac ¿por qué no vodka y fernet?
Me propuse dejar de lado el teclado –aquí me despido- y dedicarme sorbo a sorbo a deleitarme con lo que quedaba y prometí volver sobre el tema.
A la hora de actuar, actúa.

11 Octubre 2008 a las 3:16 PM
Sabia decisión. Copa o copla, es la cuestión. Y no olvidar que en la copa con la palma está la bebida segura.
12 Octubre 2008 a las 2:43 PM
Vino y Coñac, buen dúo, hace tanto que no tomo coñac…
Respecto del libre albedrío, afirma Schopenhauer, en su célebre “Ensayo sobre el Libre Albedrío”, que tal cosa no existe, que todos nuestros actos están predestinados a cometerse tal y como se cometieron, dados nuestros contextos, nuestras historias y nuestra genética . Es decir, podemos arrepentirnos y estar seguros de que, de poder volver el tiempo atrás, actuaríamos de otra manera, pero no es más que ilusión. Dice también que el L.A. es un invento de la religión para justificar algunas conductas que podrían sugerir la no existencia de Dios, o al menos que no somos en realidad su género preferido, sus hijos. El ensayo es muy antiguo y está tiznado de cierta arbitrariedad, Schopenhauer, por supuesto, no llegó a leer a Freud (Schopenhauer murió cinco años antes del nacimiento de Freud) y mucho menos a Lacan. Pero de cualquier manera todavía nadie logró convencerme de lo contrario con una explicación más convincente, y además me encanta Schopenhauer. El alcohol tiene ese que se yo.
Este blog se está poniendo genial, ya te linkeo, espero que vaya mucho más allá de diciembre.
12 Octubre 2008 a las 8:11 PM
Maguila tampoco creo en el “libre arbitrio” por ello el entrecomillado Y el párrafo siguiente donde digo ¿por qué no ….? quería justamente mostrar que nuestras elecciones no son arbitrarias. Cuando vuelvas en diciembre trataremos de ver como determinación y libertad (no libre albedrío) no son términos que se excluyan. Gracias.
13 Octubre 2008 a las 7:20 PM
La imagen de la cabecera es intrigante. Se me hace como la parte superior de la gorra de un oficial del ejército modelo 1930.
13 Octubre 2008 a las 8:29 PM
Che es una boina
13 Octubre 2008 a las 9:30 PM
Beber
1 Noviembre 2008 a las 4:25 AM
Cuando de beber se trata, los límites no existen para el gran bebedor….
otros menos no están en la dicha del gozo extralímbico….
de ahí la dicha del beodo “in extremis orbitariaes”
SALUD CON ETILICUS VIVACEAE
JIMMY