Gran tema el de las palabras. Quienes no comparten determinadas creencias no necesariamente se burlan de las del otro.
Todos somos creyentes, el tema es ¿en qué basamos nuestras creencias?
¿Acaso todas nuestras opiniones tienen fundamentos científicos?
Las verdades “sagradas” (las comillas no son despectivas) son la frontera en ciertas maneras de creer, el que las acepta como tales (verdades y sagradas) nada más se pregunta acerca de ello, lo que está “revelado” se lo acepta aún contra la razón, de intervenir la razón lo hace para justificar la creencia en esa verdad sagrada.
La otra manera (para simplificar) de creer intenta confirmar o refutar con su práctica en el mundo lo verosímil de una proposición.
Obviamente el “alma” es un concepto que alude a concepciones distintas de qué es un ser humano, que en cuanto a diferenciarse de los otros animales podríamos explicarlo adjudicándole un “alma” concepto que no necesita ser extracorpóreo, puede bien referirse a las funciones propias del desarrollo logrado en el sistema nervioso central, fundamentalmente en su cerebro.
Sería embrollar las cosas con las palabras pero en la metáfora podríamos hablar de una explicación de la materialidad del alma. Si le hemos quitado en el terreno de los trastornos mentales el lugar a las posesiones demoníacas ¿por qué no podríamos en el terreno de la salud? Claro que todavía hay personas que postulan “exorcismos” en lugar de acudir a la consulta médica.
Sin entrar en cuestiones de diccionario, que quizás sea lo correcto, blasfemia, pecado, herejía, ¿qué significan para el no creyente?
En tanto cuestiones regladas por la “religión” son simples adjetivaciones que desde el punto de vista de vivir todos los días ya no perturban más que al que las adjudica.
Si alguien supone que soy hereje o blasfemo porque no valoro lo que él valora ¿a mí que me hace? Por otro lado, al tener otros valores morales, divorciarme y volverme a casar para mí no es un pecado ni soy un pecador.
Afortunadamente vamos dejando atrás “el estar contra la religión era estar contra el rey” (o contra la ley). Seguramente en algunos lugares del mundo todavía no es así y todavía algunos “Jefes de Estado” aducen problemas de conciencia para traicionar mandatos, bueno pero todo no se puede, pero a mí me resulta satisfactorio que en muchas cosas mías, las adjetiven como quieran, me dejen vivir en paz.
Escrito por Pepe Palermo
Escrito por Pepe Palermo
Escrito por Pepe Palermo 

