Idas y vueltas, vapores y tiempos viejos.

Fotos de trenes, comentarios sobre trenes, me llevaron a mi infancia. Mi barrio era un barrio crecido al costado del ferrocarril, encapsulado, dificultado de llegar a la Avenida por el extenso en todos los sentidos, longitud y anchura, ramal ferroviario del ex ferrocarril del sur, luego ferrocarril general roca, y ahora ex ferrocarril general roca y no se que más, que para cambiar nombres y no realidades estamos muy bien preparados los argentinos. En mi barrio mi propio padrino ateo y primitivo gallego protocomunista, trabajaba en los galpones ferroviarios, así también Don Marino, Don José y que se yo cuantos más laburantes de esa ex posesión inglesa, nacionalizada por Perón.

Mis primeros años se deslizaron sin casi estar enterado de la contundente marca ferroviaria de mi barrio, que el ferrocarril escondía o amparaba,  pero a partir de mis seis años junto con la escolaridad, al anotarme mi mamá en la vieja escuela 28 de la Avenida Pavón, luego Perón, luego Pavón y ahora Hipólito Yrigoyen y la calle Uruguay (¿se seguirá llamando así?) tenía inexorablemente que atravesar las vías por el único paso a nivel que lo permitía, en un tramo de un largo kilómetro que separaba a los puentes Agüero y Gerli, sobre la calle de la Serna. Ahora allí hay otro puente, pero durante mis seis años de escolaridad primaria y los correspondientes de instrucción secundaria, debía rigurosamente cruzar las vías al mismo nivel que sus trenes, de carga y de pasajeros.

Cuántos recuerdos, de los minutos perdidos por vagones que se interponían a nuestro objetivo, en largos trenes de carga, que para peor, había allí una playa de maniobras, cuando ya parecía que pasaban, frenaban su marcha y volvían sobre sus ruedas en sentido inverso y volvíamos a ver pasar los mismos vagones, como riéndose de nuestro apuro, pero ahora retornando, al lugar del que habían querido alejarse, pero que por algún arrepentimiento de último momento o viejas obsesiones, dejaban de lado.

Pitidos de trenes, máquinas de vapor, a las que veíamos sedientas recibir agua, luego la convertían en vapor en un rítmico, chuss, chuss, chuss, mientras marchaban arrastrando a sus vagones, ellas primeras  o también, empujándolos desde atrás. Otras veces, como viejas gruñonas detenidas, largaban en un largo psssshshs una cantidad inmensa de vapor, hábito que parecían haber copiado de los calamares, para esconderse unos instantes, tras la neblina artificial creada,  pero ¿a qué podían temer semejantes monstruos mecánicos? Quizás avizoraran el futuro, bueno ya no es el vapor el que las esfuma en mi recuerdo, sino el paso del tiempo. ¿En qué galpón oxidadas y olvidadas estarán aquellas portentosas negras inmensas? Ya el diesel las fue cambiando por otro tipo de monstruos, grandes igual, pero menos ruidosos y para nada vaporosos, acaso hasta sin miedo.

Quizás parte de ese miedo, haya quedado en mí y no como recuerdo, sino como sentimiento por los cambios vividos, por las idas y vueltas no de un tren de cargas en una playa de maniobras, sino por un inmenso país que no acierta a saber cuál es su destino.

4 comentarios para “Idas y vueltas, vapores y tiempos viejos.”

  1. Idas-y-vueltas-vapores-y-tiempos-viejos : Sysmaya Dice:

    [...] Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya Fotos de trenes, comentarios sobre trenes, me llevaron a mi infancia. Mi barrio era un barrio crecido al costado del ferrocarril, encapsulado, dificultado de llegar a la Avenida por el extenso en todos los sentidos, longitud y anchura, ramal ferrovia .. [...]

  2. carlos Dice:

    cada vez hay menos comentarios en los post y mas en el pelotudo de oro???

  3. carlos Dice:

    creo q en parte se debe a q sacaste la lista de ultimos comentarios

  4. Pepe Palermo Dice:

    Es probable que tengas razón. Me tendré que asignar el pelotudo de oro. Otra posibilidad es reponer lo que saqué. Voy a intentarlo. Gracias Carlos.

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