Cuando me suscribí a la banda ancha, comencé con entusiasmo a recorrer las tantas páginas que por allí encontraba. Aprendí bastantes cosas, me enteré de tantas otras que ni siquiera sospechaba y profundicé algunas que conocía.
Escribí comentarios a varias noticias de los diarios en línea, pero por la cantidad de insultos y frases desatinadas de otros comentadores, donde lo poco que yo dijera quedaba perdido, rápidamente me aburrí. Más que un intercambio, parecía un lugar de catarsis.
Encontré un blog donde los participantes parecían tener otra onda.
Me gustó y participé, con pseudónimo pero tal como soy, un tipo cuyos negocios nada tienen que ver con el periodismo, ni la literatura, ni el cine, un tipo al que la política le interesa y tiene una cierta ideología pero que supone no estar fanatizado (o como se lo quiera decir).
El problema de ese blog (o quizás así deba ser y es lo que no entiendo) es uno de sus propietarios, es un tipo que no sé en razón de qué se siente con derecho a insultar. Argumenta acerca de lo que se le ocurra, supongo que sabe de todo, y pareciera creer que los que no piensan como él, merecen ser agraviados, ya sea por oficialistas, él la va de opositor, por discriminadores, se siente impoluto, o por estalinistas, él es un demócrata, escribe palabras gruesas que no tengo ganas de reescribir y pareciera querer convertir en enemigo a quien se atreva a tener un punto de vista distinto al suyo.
Ocurre que lo que me atrae son los temas, no todos, y los participantes y desde allí me atrevo a escribir algo. Ya tuve algunos inconvenientes, no graves pero sí que me llevan a reflexionar acerca de si vale la pena.
Últimamente me llamó ¡Pelotudo solemne! Lo que no deja de tener cierta gracia, pelotudo estoy seguro de serlo, soy porteño, vivo en Buenos Aires, trato de sostener mi honestidad, intento mantener expectativas optimistas para mi país, más allá de Elisita, Solá, De Narváez, Macri, Kirchner, Cobos, Morales, etc. Solemne, casi lo tomaría como que no me lo merezco, que no estoy a la altura, es como darme importancia, carezco de solemnidad, tuteo con facilidad, tomo mate, lo solemne mío si algo tengo, sería que detesto desvalorizar a los demás, y por allí se me va la mano y mi trato puede resultar afectado, en fin.
¿Se puede ser pelotudo solemne? O es como dicen los que saben un oxímoron.
Tenemos periodistas de medios audiovisuales que no saben expresarse con claridad, periodistas de medios gráficos que insultan a sus lectores, si lo que comentan no les agrada. Medios periodísticos que se han convertido en otro poder que los aleja de ser instrumentos para informar y si son grupos con intereses económicos concretos: ¿Vale la pena hacerse problema?
Creo que sí, vale la pena hacerse problemas por el país, pero no hay que dar por el pito, más que lo que el pito vale. El híbrido de referí con periodista, que siga su camino con la tarjeta roja en alto, insultando y borrando comentarios.

10 Noviembre 2009 a las 8:37 PM
Pues claro que merece la pena formar parte de este gran invento. Que una mala experiencia no te lleve a generalizaciones. Me imagino lo desagradable que debió ser, pues es impensable que el autor insulte al lector. Si considera que tus comentarios eran ofensivos, está en su derecho de vetarte. Pero recriminarte públicamente mediante un insulto está fuera de lugar en cualquier caso. El lector puede perder las formar pero el moderador jamás.
Saludos.
11 Noviembre 2009 a las 5:45 AM
Bueno me alegra encontrar quien entienda la diferencia,por aquí (Argentina) a veces se confunden las cosas.
11 Noviembre 2009 a las 2:56 PM
si me dijeran pelotuda solemne, no sé si me ofendería…mas bien pensaría de quuien viene..y no sé quien hizo ese comentario…asi que sin querer pasar por sabelotoda, de esa persona, la que insultó, pensaria: decime de que alardeas, y te digo de que carecés.
eso me dio por pensar mientras te leía.
saludos