Trato de entender qué hace inacabable esta discusión, es probable que nunca acabe del todo, pero algo hay que hacer antes de que sea tarde.
Por un lado me propongo, no adjetivar a las demás personas y tratar de entender porque actúan como lo hacen y por otro intento llegar al fondo de mi mismo, en consecuencia me pregunto:
¿Qué defiendo?
Está claro, defiendo la obtención de la verdad, el llegar a ella, encontrar en la realidad un método que me permita como persona falible, adecuar las conductas humanas posibles, para encontrar la explicación de cómo los hechos sucedieron.
No estoy en la búsqueda de una verdad sagrada, ni revelada, ni sostenida por la fe o por la prepotencia del poder, simplemente en una verdad humana, esa que pueda, paso a paso, ayudar a ir construyendo un mundo más justo, porque intenta en lo concreto, que cada norma general, busque la igualdad entre los seres humanos reparando las injusticias cometidas.
Claro que introducirá “violencia” al afectar a alguien, en algo que cree propio. Si un argumento que algunos humanos han construido para sí (y para otros) aparece, adecuándolo al origen, como no del todo verdadero por estar basado en un acto de “apropiación”, los implicados seguramente se “sentirán” perturbados. Estarán perturbados, tanto los que actuaron con conocimiento de lo que hacían, como los que fueron incluidos sin tener conciencia de lo que ocurría.
Es doloroso que una mujer no pueda tener hijos, si lo desea, también es doloroso que otra mujer deba tenerlos si no lo apetece ¿las normas jurídicas pueden cambiar el sentimiento de dolor si él existe? Supongo que no, pero necesitamos de normas, de prácticas legales que atemperen el dolor, lo limiten y no que acentúen la desigualdad, sosteniendo imposturas.
Vivimos en una sociedad en donde la “apropiación” del producto ajeno es legal, algunos le llaman plusvalía. Estamos en una sociedad donde al derecho a tal apropiación se lo fundamenta en el “capital”, simplemente es necesario tener “capital” con que alquilar personas carentes de él y quedarse con gran parte de lo que producen, cuidando (no siempre) que reciban algo para sobrevivir. Muchos quieren tener hijos y les parece “justo” el dejarles este “capital” para vivir del trabajo ajeno, a esto se lo llama herencia.
Estas cuestiones son parte del estado actual, los humanos somos capaces de amar, y amamos también a aquello que hemos apropiado. Algunos hasta pretenden apropiarse de sus propios hijos biológicos porque no entienden aquello de que el ser humano debe desarrollarse sin dueños, (padre y patrón leí alguna vez por ahí, tienen la misma procedencia etimológica). Patrimonio, otra palabrita, ¿cómo alguien no se va a sentir afectado, si le tocan “su” patrimonio? Y sí, los hay hasta quienes incluyen a “sus” hijos como parte de su patrimonio, nacidos o no biológicamente en el “matrimonio” que constituyeron.
Es que el ser humano construye sus “valores” en la sociedad que vive, dentro de la familia que lo “educa”. La identidad no es solamente un adecuarse al ADN, aunque el adn hable del origen, de la otra “herencia”, no la que da derecho a seguir apropiándose, sino la que habla de la pertenencia en continuidad a la especie humana. El adn nos dice que somos parte en un lugar preciso de la red humana. La identidad por consiguiente, anclada en lo biológico, es también desde dónde vive el portador del adn, la identificación singular de su cuerpo biológico desde donde es ese individuo, donde se construye su historia y qué historia contribuye a construir, al vivir. El valor de su intimidad, su sentimiento subjetivo de ser alguien con un “sí mismo” es a la vez singular y social.
Desde esa intimidad el sujeto se siente más o menos libre, es alguien entre otros, pero no han sido ni su “voluntad” ni su “libertad”, los únicos fundamentos de su llegar a persona adulta. Cuanto más esté desde un comienzo su historia falseada, más trabajo tendrá para constituirse en un ser libre. Por supuesto que el individuo cuenta pero tanto, al menos, cuenta lo social, los lazos interindividuales tejidos en su derredor precediéndolo y rodeándolo permanentemente.
De allí que quienes creen en la necesidad de un desarrollo hacia una sociedad más justa, no debieran olvidar atender a criar individuos libres. Serán libres los individuos que hayan formado su persona en adecuación a la realidad social, esa adecuación perfectible, pero nunca completa que dan los conocimientos verdaderos, los que lo son, no por las “creencias heredadas” sino por la actividad cognoscente continua del mundo, sometiendo a la corroboración permanente lo que se intuye que es y lo que parece, en verdad ser.
No hay formación sin intromisión, no hay verdad sin búsqueda, no hay búsqueda que no perturbe. Tengo partido tomado. Sé que puedo equivocarme.
Pido disculpas por la extensión y agradezco a LLP haber tratado el tema. También a todos los que participan que he leído con interés, en especial a los que sus argumentos se alejan de los míos, agradezco el haberme ayudado a pensar en este tema. . Quien lo crea conveniente puede señalar mis carencias y errores.
No busco agredir, empecé temprano el día. Estoy oyendo a través de mi ventana un pájaro, por su canto pareciera ser un cardenal , ojalá cante desde un árbol y no desde una jaula.
¡Tengamos una buena jornada de trabajo!